Hemos iniciado un nuevo año y el primer propósito es ordenar las esperanzas para lo que viene en la ciudad y la región. Grandes expectativas nos despiertan Dumek, Manolo y el resto de nuestros alcaldes y alcaldesas. También se nos abren nuevas oportunidades de trabajo y surgen nuevos proyectos en lo personal, empresarial, laboral y comunitario. Comparto algunas coincidencias que me llamaron la atención en los discursos de posesión tanto del señor gobernador como del señor alcalde mayor: enfrentar la pobreza, mostrar resultados y mantener su fe en Dios para sacar adelante la misión que el pueblo les confió.

Vivimos un momento cultural difuso que dificulta las motivaciones de fe que gobernador y alcalde expresaron en sus discursos. Este momento cultural tiene sus matices.

En primer lugar está la cultura de la intrascendencia que ata a las personas al aquí y al ahora haciéndoles vivir sólo para lo inmediato, sin abrirse a la trascendencia. No hay espacio para Dios. Poco a poco Dios va perdiendo interés y significado en la medida en que no es reconocido como horizonte último de la existencia.

En segundo lugar está la cultura de la diversión. Sólo le interesa arrancar a las personas de sí mismas haciéndoles vivir en el olvido de las grandes cuestiones que lleva en su corazón el ser humano. No hay espacio para la máxima de San Agustín que tanto bien les haría: “No salgas de ti mismo; en tu interior habita la verdad”, lo cual no significa dejar de escuchar a su equipo colegiado como a sus asesores, sino reservar los momentos de intimidad al comenzar el día para dialogar con el Dios escondido que hay en cada uno de nosotros. Para Dumek y Manolo debe estar claro que ellos deben ser señores de sus silencios.

Y en tercer lugar está la cultura en la que el ser ha sido sustituido por el tener. Nuestra vida se divide en dos tiempos: el “dedicado” a trabajar y el “consagrado” a consumir. Una ciudad que se vende de cualquier forma, poniéndose a disposición de todos nuestros deseos, definitivamente obstaculiza el encuentro con Dios.

¿Cómo pueden vivir, el gobernador y el acalde, esa fe de la cual nos hablaron el día de su posesión? Una fe donde se reza sin comunicarse con Dios, donde se comulga sin estar en comunión con nadie, y se asiste a misa sin celebrar nada vital…no sirve. Hay experiencias religiosas donde hay de todo pero Dios se queda por fuera. Creo que ellos sabrán ir al corazón de su fe, buscarán lo esencial y acogerán a Dios en cada hermano. También espero que no pongan en manos de Dios… lo que Dios puso en sus manos. La fe verdadera es sabernos amados y responder al amor con amor.

Tomado de: http://www.eluniversal.com.co/opinion/columna/la-fe-dumek-y-manolo-9895