En el texto de los acuerdos de paz, entre el gobierno de Colombia y las FARC, se es reiterativo en la noción de planes de desarrollo. Para los pueblos indígenas, tanto el concepto de la planificación como el de desarrollo, han sido cuestionados por no representar el pensamiento indígena y tener un carácter homogeneizador y centrado en la dependencia. Por tal razón, se ha construido, propuesto y avanzado en la noción de planes de vida.

El capítulo étnico de los acuerdos de paz menciona que “los Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial (PDET), cuya realización esté proyectado hacerse en territorios de comunidades indígenas y afrocolombianas, deberán contemplar un mecanismo especial de consulta para su implementación, con el fin de incorporar la perspectiva étnica y cultural en el enfoque territorial, orientados a la implementación de los planes de vida, etnodesarrollo, planes de manejo ambiental y ordenamiento territorial o sus equivalentes de los pueblos étnicos”.

¿Por qué insistimos en el enfoque de los planes de vida?

Porque los Planes de Vida se centran en garantizar lo que hace a los pueblos indígenas diferentes y diversos, mientras que los Planes de Desarrollo enfatizan en los parámetros que homogenizan la cultura y la visión del desarrollo. La consecuencia es que bajo los pretextos del progreso estandarizado, los pueblos indígenas, han sido condenados a la discriminación y a la marginalidad. Por ejemplo, el informe de avances en los anteriores objetivos del milenio (ODM) para Colombia en el año 2014, evidencia que al ritmo en el que se ha avanzado para la superación de la pobreza extrema en el promedio nacional en los últimos 20 años, se necesitarían aproximadamente unos 108 años más para alcanzar la meta fijada en los territorios indígenas.
Porque los pueblos indígenas han decidido mantenerse como sociedades con sus propias formas de gobierno y autoridad. De tal forma que la planificación y la gestión de los recursos debe corresponder a sus propias dinámicas de gobernabilidad. La realidad política en el país, nos ha mostrado que en realidad el clientelismo político es el método no público de la planificación y que los planes de desarrollo territorial terminan siendo ejercicios demagógicos. Por ejemplo, mientras que los recursos asignados para indígenas anualmente equivalen al 0,52% de lo presupuestado en el sistema general de participaciones, los costos globales de la corrupción en Colombia en el último año equivaldrían a un 60% de la misma base destinada a los entes territoriales.
Porque los Pueblos indígenas han aportado de manera práctica e indiscutible, a la conservación del territorio y a la convivencia pacífica en el país. En tal sentido, el enfoque de los Planes de Vida nos debe posibilitar: a) el reconocer la autonomía en la diferencia en el marco de la coexistencia de sistemas jurídicos que establece la constitución nacional, b) el garantizar la integridad territorial para los pueblos indígenas como lo establece el convenio 169 de la OIT y c) posibilitar la interculturalidad como método de diálogo y de construcción de una sociedad reconocida como étnica y culturalmente diversa.
Porque los pueblos indígenas están en permanente movilización, no se planifica para el después, si no que se hace para el ahora a partir de la experiencia. Nuestra visión del mundo no puede separar arbitrariamente tiempo y espacio como ocurre en los planes convencionales. Por tal razón los planes de vida no se pueden entender como documentos o ejercicios teóricos. Lo importante del plan de vida no es el plan como tal, sino el proceso organizativo que se genera para vivirlo, proponerlo y reivindicarlo. Nosotros no andamos planeando si no que planificamos andando.
Martín Vidal Trochez

Enero de 2017

Ver publicación en: http://www.cric-colombia.org/portal/los-planes-de-vida-son-nuestro-referente-de-accion-territorial