Declaración de los Programas Regionales de Desarrollo y Paz:
“Por una Colombia en Paz, construida desde las Comunidades Locales y desde las Regiones”

Bogotá, lunes 11 de marzo de 2002

Somos programas regionales, pobladores de diversas regiones de Colombia. Ciudadanos y ciudadanas de un proyecto de nación construido desde el fondo del conflicto que hace décadas desangra la sociedad Colombiana, comprometidos con el empeño de llegar a tener una patria soberana de hombres y mujeres en dignidad y armonía con la naturaleza.

Hemos surgido de diversos territorios como el Medio y el Alto Magdalena, Pamplona y Norte de Santander, Socorro y San Gil, Antioquia del Este y del Oeste, Chocó, Darién, la Sierra Nevada de Santa Marta, Montes de María y el Valle, los Pueblos Indígenas y Comunidades Negras, Meta y la Zona Cafetera, Casanare y Arauca, Cauca, Tolima, Huila, Nariño, Caquetá y Putumayo.

Somos sembradores en medio de la confrontación armada y las violencias, que soñamos en cosechas futuras de confianza colectiva y economía justa, mientras emprendemos obras de ciudadanía y de empresa. Convencidos de que problemas nunca resueltos de inequidad, impunidad y exclusión dieron lugar a la guerra. Persuadidos de que en el coraje de las víctimas y en la voluntad de los que luchan sin violencia por la justicia está la energía humana capaz de engendrar el país que anhelamos.

Avanzamos convocando a todas las mujeres y los hombres de nuestras regiones. No aceptamos que la gente tenga que irse de su terruño. Sabemos que estas regiones serán hogares para todos sus pobladores o nunca serán comunidades verdaderamente humanas. Afirmamos que todos y todas en Colombia somos importantes, y que este país será de todos nosotros sin exclusiones o no habrá Colombia para nadie.

Pensamos que Colombia tiene que construirse desde la afirmación de la identidad, la cultura y la autonomía de sus regiones. Apoyamos e inventamos con los pobladores de cada región un imaginario colectivo tejido de las tradiciones, los sueños y los interpelantes propios que impulsan a vivir y amar a las gentes y a la tierra. Nos unimos a los indígenas, raizales y comunidades negras para construir desde las bases culturales y regionales un país nuevo. No queremos solamente hacer declaratorias ni marchas por la paz y la dignidad. Hemos resuelto invertir ya nuestras personas y nuestros recursos físicos y humanos en esta construcción colectiva.

Juntos, en la diferencia, desde el Pacífico hasta los Llanos Orientales, y desde el Putumayo hasta el Caribe, buscamos la unidad nacional. Somos partidarios de resolver en el diálogo y la negociación, con participación decisiva de toda la sociedad en escenarios que no sean los de la guerra, los grandes problemas que atañen a toda la colectividad colombiana y que la guerra nunca resolvió, y esperamos construir entre todos el pacto de una sociedad heterogénea y diversa, rica en sus diferencias y articulada con el resto del mundo. Por eso respaldamos los procesos de negociación para la construcción de la paz. Pero estamos convencidos de que Colombia no tiene que esperar al final de las negociaciones para que el mundo que soñamos sea posible.

Sabemos que para hacer esta realidad posible todos tenemos que cambiar. El Estado y la sociedad civil, los políticos y los empresarios, las organizaciones gremiales, sociales y comunitarias, las iglesias, los dueños del capital o del trabajo, los actores nacionales o extranjeros con injerencia en nuestros problemas o con capacidad de aportar a las soluciones. Debemos superar nuestros intereses personales y grupales para construir colectivamente un desarrollo humano, integral, sostenible, equitativo y solidario; comprometernos con una participación responsable y efectiva en todas las instancias; popularizar el crédito, promover la reforma agraria y el desarrollo rural integral; garantizar empleo, salarios justos y seguridad social para todos; respetar como sagrados los bienes y el patrimonio público, educar para la paz; alentar una comunicación social objetiva y promotora de la paz; garantizar el respeto por la vida, el imperio de la justicia y la vigencia plena de los derechos humanos; fomentar, en fin, una ética basada en la dignidad de la persona humana, la libertad, la verdad y la capacidad de perdonar.

Hemos tomado la determinación de emprender estos cambios desde nuestras regiones y nuestros municipios. Porque son cambios que no pueden hacerse desde la distancia de la capital del país, sino desde el nivel local, donde todos nos conocemos, donde nadie puede escapar de la lealtad que debemos a los demás, donde nada hay oculto entre vecinos, donde la responsabilidad por los otros y el juego limpio y profesional es apreciado y reconocido entre conciudadanos, donde se construye la legitimidad de las organizaciones que tienen propósitos colectivos y se define la auténtica gobernabilidad de los mandatarios.

Nos une el propósito de construir un modelo diferente de desarrollo desde lo local y lo regional en el que nos impulsan tres grandes ejes en cada una de las regiones: la convivencia en la paz y la justicia, la economía y la técnica al servicio de las personas y las comunidades, y la armonía con la naturaleza.

Nuestra propuesta tiene una voluntad espiritual y social inquebrantable. Ponemos la vida y el sentido de nosotros mismos en este intento. Trabajamos por superar la exclusión y la violación de los derechos humanos y para asumir con determinación nuestros deberes ciudadanos. Pero, al mismo tiempo, nuestra propuesta se presenta como una alternativa técnicamente viable y sostenible. Queremos hacer de cada proyecto económico una empresa sostenible y equitativa; y de cada proyecto de formación ciudadana una escuela de sabiduría y responsabilidad humana y política. Estamos construyendo en cada región un plan de desarrollo humano integral y de paz con grandeza. Hacemos de cada proyecto una dinámica para transformar estructuras injustas y una mesa de negociación donde todos los actores en conflicto puedan contrastar sus intereses hasta lograr acuerdos edificantes.

Para impulsar estos procesos regionales hemos conformado instituciones cuya función irá hasta que los mismos estén totalmente en manos de los pobladores. Porque entendemos que el desarrollo socioeconómico y político es un proceso global, que incorpora a la mayoría de los actores de un territorio, que puede orientarse con principios de humanismo, justicia, participación e inclusión, pero cuyos resultados finales quedan en la libertad de los participantes locales. En el mismo sentido creemos que la paz es una tarea colectiva, de la que ninguna persona ni institución puede reclamarse artífice, y es un don del espíritu que hace fructificar los que tienen la fuerza interior para asumir todas las consecuencias de una creación nueva donde todos y todas tienen que ser reconocidos y respetados.

Esto es lo que proponemos a la sociedad colombiana y al Estado. Esto es lo que proponemos a las guerrillas. a las autodefensas y paramilitares. Esto es lo que proponemos a los Estados Unidos, interesados en la lucha contra la droga y contra el terrorismo en Colombia, para que apoye la construcción de la nación que nos merecemos los colombianos. Esto es lo que proponemos a la Unión Europea solidaria con el proceso de negociación, que está empezando un Laboratorio de Paz en el Magdalena Medio y podría empezar otros laboratorios más, para que la paz que todos anhelamos sea desde ahora una realidad desde todas las regiones de Colombia. Esto es lo que proponemos al PNUD y al sistema de Naciones Unidas, cuyo mandato universal de trabajo por la paz y los derechos humanos nos es muy útil y puede potenciarse mucho más en el futuro.

Esto es lo que estamos realizando como una propuesta de la gente que nosotros acompañamos. Una propuesta que las gentes harán con la ayuda del Estado y de la cooperación internacional, pero que hay que hacer de todas formas porque los colombianos y colombianas no tenemos alternativa.

Invitamos a construir juntos este país de regiones, donde todos quepamos, donde celebremos la vida sin condiciones, a partir del abrazo con los que tradicionalmente fueron excluidos, expropiados, dejados de lado, marginados y desplazados, desaparecidos, aterrorizados y secuestrados, para hacer juntos unas sociedad próspera en humanismo, naturaleza y calidad de vida, sin injusticias, ni discriminaciones, ni extorsiones; en este territorio rico e inspirador, donde colombianos y pueblos amigos podamos avanzar en un proceso que sea ejemplo para todas las naciones de la Tierra.

Programa Desarrollo y Paz del Magdalena Medio –PDPMM / Corporación Programa Desarrollo para la Paz del Oriente Antioqueño / Corporación Nueva Sociedad de la Región Nororiental de Colombia – CONSORNOC / Corporación Desarrollo para la Paz del Piedemonte Oriental / Corporación Ambiental Universidad de Antioquia Programa Darién-Caribe / Secretariado de Pastoral Social Diócesis de San Gil / Programa Desarrollo y Paz del Suroeste Antioqueño / Justapaz – Programa Construcción de una Infraestructura para la Paz y la Convivencia Democrática a partir de los Montes de María / Fundación ProSierra Nevada de Santa Marta / Programa de Paz y Competitividad del Eje Cafetero / Corporación para el Desarrollo y Paz del Valle –Vallenpaz- / Consejo Regional Indígena del Cauca / Programa una “Mirada al Sur” del País / Fundación El Alcaraván.

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