Esta propuesta es el fruto de largas conversaciones con un espectro muy amplio de actores sociales y políticos comprometidos con la construcción de paz y las transformaciones sociales, políticas, económicas y culturales en Colombia.

La propuesta bebe del aprendizaje comparado con otros procesos de paz nacionales e internacionales, y de los insumos de varios actores aportados hasta la fecha para consolidar el proceso de paz en Colombia.

La hipótesis transversal de la propuesta es que el éxito del proceso de negociación entre el gobierno nacional y el ELN depende de su capacidad de innovación. Partiendo de la triste realidad que ningún proceso de negociación de paz en el mundo ha logrado plenamente las transformaciones que se ha propuesto, el reto al que se enfrentan las partes en este proceso es lograr unos resultados más transformadores y sostenibles que procesos anteriores.

El énfasis del Gobierno y del ELN en la participación ciudadana ofrece un marco apropiado para el reto de la innovación. Paradójicamente, en cuanto a la participación ciudadana Colombia ya goza de una larga experiencia. No hay que inventar nada. Es más, el concepto y la práctica de la “participación” se ha llegado a banalizar, con procesos que requieren mucho esfuerzo ciudadano pero no se traducen en acciones concretas.

Desde Conciliation Resources presentamos este documento como un insumo para el debate. Sin lugar a duda requiere de mayor concreción para su aplicación práctica. Entendemos que esta propuesta no contradice sino que complementa otras propuestas existentes.
Premisas

Más allá de los diferentes (y divergentes) análisis de contexto y de coyuntura, esta propuesta asume que las partes comparten en mayor o menor medida las siguientes premisas:
• Ambas partes inician las conversaciones de paz con un compromiso genuino de poner fin a la confrontación armada y lograr transformaciones hacia la paz.
• Hay un entendimiento compartido sobre los límites prácticos y morales de la guerra como método para doblegar al otro; y también sobre la necesidad que tiene el país de transformaciones que permitan profundizar la democracia, cerrando la brecha entre sectores privilegiados y excluidos.
• Las transformaciones que requiere el país implican un proceso de empoderamiento, de transferencia de poder entre los que tienen hacia los que no tienen.
• Un acuerdo de paz entre el gobierno y el ELN es un paso esencial pero insuficiente para estas transformaciones. La paz será el resultado de un sinfín de diálogos y negociaciones entre una multitud de actores sociales, políticos y económicos, en múltiples procesos que ya tienen un cierto recorrido y que se deberán multiplicar de forma autónoma a lo largo de los próximos años.
Observaciones

La coyuntura en Colombia (y en el resto del mundo) cambia a grandes velocidades. En pocos meses se han producido unos cambios que sugieren las siguientes observaciones:
• Las negociaciones arrancan en un contexto de escepticismo de grandes sectores de la opinión pública en relación a los logros que pueda alcanzar la mesa de negociación.
• Aun así, el debate polarizante que produjo el plebiscito del pasado mes de octubre ha bajado en intensidad. El inicio de las negociaciones entre el gobierno y el ELN no ha sido recibido con hostilidad ni polémica por sectores opuestos al acuerdo de La Habana.
• La capacidad del gobierno de mantener una coalición de unidad nacional y las mayorías en el Congreso se reduce a medida que se acerca el final del actual periodo presidencial. Paradójicamente, este periodo final le permite al gobierno un mayor margen de maniobra pues los costos políticos de sus decisiones son menores que en momentos anteriores.
• Los tiempos del ELN no coinciden con los periodos electorales. Pero el ELN no está negociando para botar corriente hasta que llegue un nuevo gobierno. Ambas partes coinciden en la necesidad de proceder sin prisas pero sin pausas, con el objetivo de obtener logros tangibles en el menor tiempo posible.
• El proceso de negociación de la Habana fue innovador en varios aspectos, incluida la visita de delegaciones de víctimas, y de mujeres y minorías sexuales a La Habana. Aun así, resultó un proceso “meso-céntrico”, en el sentido que el epicentro de las deliberaciones y la toma de decisión siempre fue La Habana.
• El proceso de la Habana también fue innovador al discutir una agenda acotada. No obstante, terminó con el acuerdo de paz más extenso y complejo que se conoce en el mundo.
Criterios

Partiendo de estas premisas y observaciones, este documento entiende que el éxito de las negociaciones de paz entre el gobierno y el ELN depende de la capacidad de generar una propuesta de participación que sea:
• Clara en su formulación.
• Radical, para ser creíble.
• Seductora, para convocar a todos los sectores necesarios.
• Ágil en su implementación, para propiciar resultados tangibles.
• Complementaria al proceso de la Habana, bebiendo de sus aciertos y supliendo sus limitaciones.
• Innovadora, porque tiene que sumar sectores escépticos y de orillas opuestas que no sienten la motivación de participar.
Propuesta

La idea principal de este documento es sugerir que el gobierno y el ELN inicien un proceso de escucha y diálogo dentro de Colombia. El gobierno y el ELN podrían acordar (con aportes de la sociedad) una lista de actores y de territorios que deberían visitar conjuntamente: desde las comunidades más marginadas, hasta los sectores más acomodados del país; desde las veredas más alejadas hasta los epicentros del poder.
La idea principal es invertir la lógica predominante donde la sociedad se tiene que acercar a la mesa. Con esta propuesta es la mesa quien se acerque a la sociedad.

Una apuesta de estas características:
• Sería noticia nacional e internacional, por sorprendente e innovadora.
• Facilitaría la participación de sectores empobrecidos que tendrían dificultad para desplazarse a Quito (y a otros países).
• Podría atraer a sectores pudientes que pueden ser reticentes de asistir a espacios de interlocución pública.
• Generaría un ambiente para la paz que tendría posibilidades de sobrevivir las elecciones presidenciales independientemente del ganador.
• Le daría a este proceso un carácter único, singular.

Esta propuesta es compatible con la mayoría de las otras propuestas que se han planteado hasta la fecha. De hecho, es probable que en otros procesos previos, paralelos o posteriores de participación ciudadana ya se dé la presencia de representantes del gobierno y del ELN. El valor añadido de una “mesa itinerante” lo aporta la estatura política de los integrantes, que serían delegados plenipotenciarios de los equipos de negociación.

Una “mesa itinerante” sólo podrá protagonizar un número acotado de reuniones. Es por ello que será importante acordar las reuniones en función de su valor estratégico, para que tengan un efecto catalizador sobre otras dinámicas públicas de diálogo y deliberación. Por ejemplo para que sectores recelosos de cambiar el estatus quo se avengan a conversaciones directas con sectores del espectro político opuesto. También es importante una labor de ambientación con las personas, organizaciones e instituciones que vayan a participar, para que el evento no se convierta en una sesión de reclamos (a uno u otro o ambos equipos de negociación).

Habría que acordar también aspectos sensibles como el manejo de la opinión pública y la seguridad para los miembros de las mesas y para las personas participantes. Es fundamental una metodología clara y sólida que garantice un ejercicio productivo que produzca resultados tangibles (acciones concretas) e intangibles (mayor apropiación del proceso de paz). La solidez de la propuesta será también la mejor defensa frente a los previsibles cuestionamientos por parte de sectores opuestos al proceso de paz.
Condicionante

La propuesta requiere de mucho más detalle y precisión para abordar retos que van desde lo metodológico hasta la seguridad de las personas participantes. Pero también tiene un condicionante claro: sólo será posible llevarla a cabo en el marco de un des-escalamiento de la violencia o, idealmente, de un cese al fuego. En otras palabras, los desarrollos de la sub-mesa de participación están condicionados a los avances en la sub-mesa de dinámicas y acciones humanitarias. Lo cual –analizado desde un punto de vista optimista- debería ser un incentivo adicional para acelerar el des-escalamiento del conflicto.

Reflexión final

Las negociaciones de paz entre el Gobierno y el ELN son una nueva oportunidad para que Colombia recupere la fe en sí misma. Un acuerdo entre ambas partes es fundamental para una paz completa, no sólo para Colombia sino para toda América Latina.

Ante este reto el país necesita ver en los actores que empuñan las armas un cambio de actitud.

Una Mesa que se acerca a la gente es una mesa humilde, que entiende que no posee la verdad absoluta y que llama a la sociedad en toda su diversidad al compromiso individual y colectivo.

Una Mesa que dialoga directamente con las orillas más opuestas es una mesa valiente, que da la cara al país y evita refugiarse en su zona de confort.