Fortalecimiento de organizaciones en Bolívar y Magdalena (OIM)

Una sociedad civil activa, participativa y responsable es clave en el proceso de fortalecer la gestión del desarrollo territorial, al igual que para promover la paz y el desarrollo. En el escenario previsible de posconflicto que se aproxima para Colombia, generar alternativas sostenibles de reconstrucción de tejido social y fortalecer el rol de la sociedad civil en los asuntos públicos, se convierte en una apuesta estratégica para generar mecanismos eficaces para la transformación y la cohesión social, la recuperación de la confianza, la solidaridad y la superación de las heridas generadas por el conflicto armado interno.

En el marco del proyecto piloto de tierras, OIM diseñó una estrategia para trabajar con líderes comunitarios y representantes de grupos comunitarios de Mahates (Bolívar), Plato y Tenerife (Magdalena) con el objeto de contribuir al fortalecimiento de 20 organizaciones sociales de base, mejorar sus capacidades de incidencia en el diseño e implementación de políticas públicas, mediante el conocimiento de los mecanismos, normatividad, la oferta institucional y las vías para su acceso en torno a la problemática de sus comunidades y grupos de interés.

El fortalecimiento inicia con la socialización de la propuesta, luego la identificación y diagnóstico de las condiciones de las organizaciones y asociaciones en los territorios, el diseño del proceso de capacitación y elaboración de material pedagógico. Los temas abordados en las capacitaciones fueron: aplicación del Índice de Capacidad Organizacional –ICO- y los planes de fortalecimiento; construcción de los Planes de Fortalecimiento Organizativo que fueron entregados a las asociaciones; proceso de formación y fortalecimiento de capacidades; diseño y elaboración de una caja de herramientas que lleva por título “La participación política de las comunidades rurales: eje de construcción de los Nuevos Territorios de Paz”.

El proyecto promovió la participación de organizaciones de veredas alejadas para hacer incidencia de manera que se pudiera construir una visión de territorio incluyente, con una representación amplia de las poblaciones rurales más pobres y vulnerables. Contribuyó a romper el miedo a exigir los derechos y a participar activamente en la toma de decisiones, planificación y gestión del territorio. Ya que por muchos años, las comunidades del Bajo Magdalena, Bolívar, Atlántico y la Costa en general, fueron perseguidas, amedrantadas y forzadas a abandonar sus tierras, y esto poco a poco fue cercenando su liderazgo y su voz; de esta manera la ayuda que brindó el proyecto para fortalecer liderazgo en la región, así como para recuperar la confianza entre las diferentes partes e incentivar espacios de veeduría y control social al trabajo de las instituciones, se convierte en un aspecto clave para dinamizar la región y promover su desarrollo.

Entre las lecciones que se destacan del proceso, se encuentra que tanto la comunidad, las organizaciones y en muchos casos, si no la mayoría, se desconoce el rol e importancia de los CMDR o de los CMJT y estos sólo funcionan cuando hay proyectos o para cumplir el requisito y lo que determina la ley, más no son realmente espacios constructivos. En este sentido, se está perdiendo una oportunidad importante para, a través de estos espacios de articulación interinstitucional, se realice un acompañamiento y que potencie y promueve la generación de iniciativas y proyectos de desarrollo productivo, económico y social para la región.